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3.- El Valor
Ambiental del Suelo.
El cambio de usos o reconversión del aeropuerto de Los Cerrillos a usos
residenciales, nos permite introducir nuevos conceptos cuando el valor
del suelo está en contradicción con el precio de mercado o con los usos
más conveniente que le asigna la autoridad a determinadas piezas
urbanas.
A la propuesta que nos plantea el Minvu
para construir 15 mil viviendas, debemos oponer los valores ambientales
que per se y por su propia funcionalidad posee esta pieza
territorial. La gigantesca cuña de suelo formada por las áreas de
protección y por el cono de aproximación aérea, constituye el único
corredor de vientos de baja altura que ventila la ciudad. La proyección
de este corredor de vientos en el suelo urbano se sobrepone sobre el
corredor de grandes parques que a su vez, son las únicas reservas
naturales de humedad que posee Santiago que inciden sobre la temperatura
del suelo de la ciudad. Junto a ello, es necesario abundar que el
aeropuerto actúa como una gran placa radiante que provoca por
convección, la ascensión del aire. A partir de ello, los valores
ambientales son de mayor cuantía que los valores productivos urbanos que
les asignará la autoridad a las algo más de 200 hectáreas del
aeropuerto.
Nadie duda que la vivienda económica es uno
de los déficits sociales que registra este país, tal como lo es la
cuestión ambiental. Sin embargo, el déficit vivienda puede ser resuelto
de modo alternativo mediante la regularización y salida al mercado
inmobiliario y fundiario de las cerca de 6.000 hectáreas vacías
disponibles en el interior del área metropolitana. En términos más
precisos y tal como señalamos anteriormente, en la almendra central
definida por el río Mapocho, la Alameda y la avenida Norte Sur, al mes
de abril del 2001 existían 240 mil metros cuadrados de suelo vacante
disponible, consistente en terrenos eriazos (20 mil metros cuadrados), y
playas de estacionamiento, edificios en estado de ruina y superficies
liberadas por viejas actividades productivas. A ello debemos agregar que
de acuerdo con datos proporcionados por las Estimaciones de Población
publicadas por el Instituto Nacional de Estadísticas, el territorio
comunal una central experimentará una regresión poblacional que
liberará cerca de 1000 viviendas que se sumaran a las 15 mil viviendas
vacías que presuntamente existen en las comunas centrales (la misma
cantidad propuesta para construir en Cerrillos). Por el contrario, la
reproducción en otros lugares de los valores ambientales presentes en
el aeropuerto de Cerrillos y sus áreas de protección, es una labor
titánica, por no decir imposible.
Los antecedentes ambientales y demográficos
citados sugieren que no es conveniente dejar de lado estos valores
constituyentes de la estructura ambiental de una pieza significativa de
la ciudad, anteponiendo las atendibles razones sociales y económicas que
arguye la autoridad para promover la urbanización del aeropuerto. La
resolución del problema de la vivienda depende entre otras, sólo de
decisiones políticas. Sin embargo, la generación de atributos y valores
ambientales depende de un sinnúmero de factores sobre los que el hombre
por ahora no tiene dominio. La transformación del aeropuerto en una
pieza ambiental también constituye una buena ocasión para que el Estado
reintegre a la ciudad los centenares de hectáreas que ha ido cercenando
a los parques públicos, para alojar en ellos instalaciones militares,
educacionales, residenciales, culturales y deportivas.
A mayor abundamiento, es necesario señalar
un estudio recientemente divulgado por la Nasa que da a conocer los
resultados de una investigación que cuantifica los efectos nocivos sobre
el clima que tiene la urbanización de los suelos agrícolas. Mientras
tanto, la inercia a la degradación natural de los productos químicos
utilizados en la actividad agrícola podría transformarse en una bomba de
tiempo sanitaria de complicada resolución y con efectos desconocidos
para los habitantes urbanos de los suelos de nueva planta. |
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4.- Conclusiones Previas.
Consideramos que una ley moderna y clara de urbanismo cuyo objeto
fundamental de ordenamiento sea el suelo y la actividad que por ello
surge, debe incorporar estos conceptos valorativos con el fin de
transformar la acción de los instrumentos y de los operadores públicos y
privados, en un acto que resguarde el interés de todas las instancias
que convergen sobre este espacio, tanto de aquellos que transforman el
suelo en una transacción productiva como de aquellos otros interesados
en el acceso a la vivienda propia, tan importante como el acceso a la
educación, a la salud, a la alimentación y a un medio ambiente bello y
sano.
El
estudio acerca de la aptitud urbana de un terreno o polígono
residencial, necesario para considerar su producción urbana, debe tener
presente como complementariedad, nunca como contradicción, junto a los
valores productivos –que ya de por si los tiene con la participación o
no de los poderes públicos- los otros valores raramente considerados,
amén de los valores patrimoniales y paisajísticos cuyo tratamiento
dejaremos para otra ocasión. Con ello estaríamos superando los
mediocres resultados alcanzados por un urbanismo más interesado en el
cuánto crecer que en el cómo crecer. |