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Las enciclopedias al uso dicen que tal palabra se deriva de los términos corona y remate. Con un perfil que nos sugiere algo parecido a un cuerno, la cornisa es la moldura que constituye los salientes o voladizos intermedios y superiores de un muro. La arquitectura de la modernidad en su cruzada iconoclasta, a lo largo del siglo XX se desprendió de este y de otros componentes. Se desprendió del alféizar y el zócalo, del zaguán y el pórtico, de la pilastra y el capitel, del hastial y la espadaña, y de tantos otros que alguna vez expulsó del diccionario constructivo. A la arquitectura de cajones de hormigón, muros desnudos y ventanas corridas no le hacen falta tales componentes. En Santiago de Chile, Agustinas es una calle de cornisas que dramatiza más que ninguna otra, el desnivel que discurre de oriente / occidente sobre el que se instala la ciudad. Un buen número de sus edificios posee este elemento, que impone un orden horizontal a la fachada y una integración del conjunto lineal que por ello surge. Hoy construimos al modo pastelero, levantando los edificios como las tortas, un piso igual al otro y así hasta la azotea. La cornisa, en cambio, marca en la fachada la naturaleza y jerarquía de los diferentes pisos e impone un tratamiento diferenciado a la vertical. Razones por las cuales no puede ser considerada un elemento decorativo más. Cuestión que Louis H. Sullivan con el Guaranty Building de Buffalo N.Y. , Daniel H. Burnham con el Fuller o Flatiron Building de New York, y Adolf Loos con el Goldman & Salatsch Building de Viena sabían con largueza. |
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En la historia de la arquitectura hay hechos trágicos que señalan el carácter de la cornisa. Uno de ellos ha quedado registrado en Venecia, más propiamente en la plaza de San Marcos. Los edificios de la Librería y de la Zecca (casa de la moneda), situados uno junto al otro y ambos diseñados por el mismo arquitecto, observan un hecho imperdonable, imperdonable para un profesional de la talla de Jacobo Sansovino: sus cornisas no coinciden ni en altura ni en salientes. Este fallo repercute en la integración de estos edificios que con el palacio ducal y los jardines reales, constituyen la fachada lacustre de la famosa plaza. Pero hay un desprendimiento de la cornisa mucho más trágico y preocupante, que es necesario resolver para preservar la integridad física de los viandantes. El tiempo y los movimientos sísmicos debilitan la sujeción de los elementos salientes de una fachada. Un porcentaje alto de las cornisas que aún persisten en los edificios |
residenciales de baja altura, se encuentra en estado deplorable y prontas a caer sobre la cabeza de las personas. En el tramo inferior de la Alameda B. O´Higgins, en plena comuna de Estación Central (Santiago de Chile), algunos de sus edificios tienen sus cornisas desprendidas a la espera de que ocurra un accidente mayor. Buena parte de la edad temprana del cine encuentra en la cornisa un soporte para las piruetas de cómicos y amantes furtivos, provocando la risa y el suspenso de los espectadores. Volviendo a la arquitectura, ciudades de gran raigambre asientan en mansardas, galerías aporticadas, puentes, balcones, etc. su identidad. Al respecto, ¿pudo haber sido la cornisa la expresión arquitectónica de la ciudad de Santiago de Chile?. La falta de identidad nos condena irremediablemente al anonimato. Escrito por Jonás Figueroa en homenaje a Manuel Moreno, arquitecto. 10.05.2002 |
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