san diego, la calle de los milagros...

Desde siempre,  San Diego ha sido la calle en donde  se esconde el mundo. Aquello que  no encontrábamos en otros lugares de la ciudad,  podía hallarse en esta calle de los milagros. Sin muchas razones a las cuales echar mano, sin más,  así siempre lo supusimos. Aún  nuestras fantasías infantiles esperan  en una raída butaca que se ilumine la pista del circo Las Aguilas Humanas y comience el ruidoso desfile de payasos y trapecistas, que en cada septiembre llegan junto con las cometas y los desfiles militares. Más allá, se encuentran las librerías de viejos textos y las oportunidades de bajo costo. En fin,  allí está nuestra historia aplastada por una realidad que va entre un pasado que hace rato nos abandonó y unos retazos de modernidad que no logramos retener. Hoy en día, la calle San Diego vive tres momentos, que son como las estaciones por las cuales transitan los misterios urbanos. 

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Primer momento.  A pocos metros de la principal arteria de la ciudad, La Alameda, la calle San Diego es como tantas otras que se sitúan al sur de las preocupaciones edilicias. Es la zona que acoge las actividades que la modernidad ha erradicado del centro de la ciudad, mandándolas al patio trasero, en donde se aloja el esperpento y la antimodernidad.

Segundo momento. Este es el sector  en donde San Diego es más San Diego que nunca. También es la zona que se resiste al cambio o simplemente donde lo que se modifica sólo deja débiles huellas,  imperceptibles, sin marcas  en los muros ni en la mirada distraída del viandante. Es como la mitad del mundo, en donde se junta lo nuevo con lo menos nuevo, el reluciente escaparate con el quiosco de las  baratijas. 

Momento final. El momento más interesante que experimenta la calle San Diego, es posible constatarlo en su  encuentro con el parque que conmemora  la figura del descubridor de Chile, el ciudadrealeño don Diego de Almagro. En este parque junto a la iglesia de los sacramentinos, comienzan a desarrollarse operaciones de renovación asociadas  principalmente con sedes de instituciones universitarias. Mas, como en tantas otras zonas de la ciudad de Santiago de Chile, la falta de un proyecto de ciudad limita el efecto transformador de estas acciones públicas y privadas sobre un entorno que registra demasiadas muestras de deterioro físico y social. jonás figueroa ©

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